Aquel día caminó bajo la lluvia durante mucho tiempo. Notaba como las grandes gotas, fruto de la tormenta de verano, caían sobre su cabeza y se iban escurriendo, al no poder todas acumularse en la cima. Por no estar en la cima se atormentaba ella, mientras dejaba que su pelo y su ropa se empapase. Miraba con desprecio a aquellos que se asomaban bajo el tejadillo de alguna tienda, mientras que ella era mirada con curiosidad cuando pasaba por encima de algún charco con sus zapatillas.
De esta guisa se dirigía a dar clase. Para ganar dinero, para ganar prestigio, para tener algo que contar, para ser mejor que los demás, para obligarse a variar de actividad en lugar de estudiar y estudiar.
Estudiaba una carrera por la que no tenía vocación, ni tan siquiera gusto. Quería haber hecho matemáticas pero "no tiene salidas hija, busca algo de lo que después vayas a tener trabajo". También pensó en hacer magisterio pero, ¿cómo iba a hacer magisterio si tenía capacidad para más? Así no podría demostrar su valía ni su capacidad. Cuatro años mas tarde se daba cuenta, caminando bajo la lluvia, que aquello que tanto desprecio, era lo que mas le gustaba. Que ella valía y que ya no necesitaba que se lo dijese nadie, que podía llegar adónde quisiese si se lo proponía y no por ello tenía que escalar una pared. Porque ella no dejaba de escalar paredes solo para demostrar que podía hacerlo... Si no se hubiese forjado su autoestima a base de apetencias ajenas quizá ahora sería distinta y no le importase tanto lo que pensasen los demás porque... ¿acaso a alguien le importaba lo que pensase a ella?
Un cero a la izquierda caminando bajo la lluvia...
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